miércoles, 25 de octubre de 2017

De aliados aliados femenistas


La imagen de la discordia en Twitter
Recurrente tema, ¿los hombres pueden ser feministas o debemos categorizarlos como “aliados feministas”? Personalmente me enteré tarde de la polémica, siempre he llamado “feministas” a aquellos que se sentían como tal y en su hacer y pensar diario han manifestado serlo. Pocos, debo admitir, pero existentes.

Pero no está tan claro y no me canso de leer comentarios sobre la crucial necesidad de determinar si los hombres son una u otra cosa. Entiendo el debate. Aquellas que se posicionan del lado de llamar a los hombres “aliados feministas” entienden que el feminismo es nuestra lucha, de las mujeres, y somos nosotras las que debemos encabezarla y ellos, por lo tanto, deben adoptar un papel secundario, apoyándonos, pero en la sombra.

Estoy de acuerdo. Escribí hace tiempo sobre la presencia de hombres en espacios feministas a raíz de una vivencia personal dentro de una asamblea. Si bien considero fundamental que los hombres formen parte del feminismo, creo que el protagonismo en este ámbito no les pertenece. Es muy habitual en las asambleas ver cómo los hombres toman la palabra por encima de las mujeres, algo lógico, puesto que su propio proceso de socialización les ha empujado a desenvolverse mejor en público, a tomar el espacio y poseerlo. Nosotras, en cambio, crecemos aprendiendo a ocupar poco, a no molestar, a callar. Por ello se hacen necesarios los tan polémicos espacios no mixtos en los que las mujeres puedan construir y pensarse entre iguales, espacios de confianza.

Además, muchas hemos vivido de forma demasiado repetida cómo hombres han hecho uso del feminismo para integrarse en estos espacios o acercarse a mujeres feministas y después dinamitarlo todo, quitarse la máscara y mostrar su verdadera cara, poco o nada cercana al feminismo. Las feministas que defienden el apelativo “aliados” explican que los hombres que están verdaderamente comprometidos no se ofenden por el término que usemos para designarles, sin embargo, los primeros, lo sienten a menudo como un ataque.

El hombres feministas vs. hombres aliados feministas es una batalla lingüística y terminológica, lo cual tiene importancia, nos pensamos desde el lenguaje, por lo tanto no es poca cosa elegir los términos que queremos usar. Lo cierto es que conozco a pocos hombres feministas -siempre me he referido a ellos como feministas a secas-. Hay hombres con mayor o menor sensibilidad o empatía para entender nuestras luchas, pero hombres feministas como tal, que de verdad hagan un ejercicio de deconstrucción de su masculinidad y escuchen a las mujeres feministas antes de imponer sus opiniones como verdades absolutas, conozco a pocos. Muy, muy pocos. En ese sentido, me parece comprensible el uso del “aliados”.

Sin embargo, ¿dónde ponemos el límite? ¿Quiénes pueden acceder a la categoría de aliado y quiénes a la de feminista? ¿Cualquier cuerpo que hoy es leído como cuerpo masculino es automáticamente considerado aliado? ¿Aceptamos la invariabilidad masculino-femenino?

A raíz de la Womens March leí en Twitter un hilo sobre una pancarta portada por un hombre en la que se leía “los hombres de verdad son feministas” y el debate surgido posteriormente en torno al tema aliado-feminista. Una persona preguntaba ¿qué pasa con las personas LGTB, negras, con diversidad funcional que acudían a la marcha? A lo que le respondieron que ellas sí podían acudir porque alzaban la voz contra su propia opresión o situación de desigualdad. Por lo tanto, ¿para quién es el apelativo de aliado? ¿Solo para los hombres blancos heterosexuales? ¿Y podemos presuponer en cualquier debate que todo hombre que se autodenomina feminista cumple con esas tres características? ¿Podemos presuponer que el hombre que portaba la pancarta lo era? Es decir, ¿si se trata de un hombre atravesado por alguna variable por la que también lucha el feminismo, una persona trans u homosexual, por ejemplo, entonces sí puede ser hombre y autoproclamarse feminista? ¿O solo pueden ser feministas los cuerpos leídos biológicamente como mujer? ¿Y si te lees psíquicamente como mujer pero tienes pene? ¿O viceversa? ¿O no te defines como mujer u hombre pero físicamente eres leída como hombre socialmente?

En este tema se suele recurrir a la famosa frase de Kelley Temple: “Los hombres que quieren ser feministas no necesitan que se les dé un espacio en el feminismo. Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista”. Está claro, las mujeres feministas no tenemos que poner una alfombra roja y pedir a los hombres que se unan al club, si eres hombre y eres o quieres ser feminista, debes vivir tu día a día desde el feminismo y cuestionarte a ti mismo antes que al resto de feministas.Si eres hombre y te consideras feminista, pregúntate qué significa para ti ser feminista, si ves más allá de la igualdad formal y la brecha de género, si reconoces la desigualdad y la opresión que se cuela por las rendijas y se resbala de las manos, repiensa tu papel, tu actitud, tu discurso y tus formas. Acepta y enfréntate a la idea de que por ser hombre eres poseedor de una serie de privilegios, no es tu culpa tenerlos, pero los tienes, deconstruye tu identidad desde ahí y escucha a las mujeres feministas que te rodean.

El uso del aliado me parece útil como denuncia, como una forma de decir: “eh tú, hombre, esta es mi lucha, no monopolices el espacio, escucha antes de hablar. Ya posees el resto de espacios, este me pertenece”. Y está bien. Pero su uso me parece reduccionista y una etiqueta que entraña dudas y traslada continuamente el debate a un plano que nos aleja de lo crucial.

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